La naturaleza del poder del cash o dinero en efectivo. Dr. Craig S. Wright
LA NATURALEZA DEL PODER DEL CASH, O DINERO EN EFECTIVO.
Gracias a estos textos de Craig, he llegado a entender después de muchos años, rebuscando, el matiz de Cash (dinero efectivo) al que se refiere el White Paper de Bitcoin, que no se parece mucho al concepto que tenía yo o al concepto muy básico generalizado, tal como lo explica el propio Craig, más abajo.
Especialmente la matización de la NATURALEZA DEL PODER del Cash, con respecto a los sistemas basados en cuentas y autorizaciones, que nada tienen que ver con el dinero, que tienes en tu mano de forma física, tangible, y la diferencia que vienen imponiendo los sistemas digitales haciendo que el dinero sea cada vez más de «cuenta y autorización».
Más allá, de otros debates sobre el dinero, de cómo se crea, de la justificación del señoreaje, la creación indiscriminada que se está haciendo, de quienes lo controlan, etc, etc, etc
Ahora entiendo el motivo de que en Bitcoin la identidad, va separada de la transacción, o del valor en sí mismo, porque no es un sistema NI basado en cuentas, NI en autorizaciones, sólo si cumple las reglas de la transacción, basada un UTXOs y prueba de trabajo PoW, sin la acción de un humano o grupo de personas, «autorizados o en control»
«…En los sistemas basados en cuentas, nunca eres el propietario. Eres un usuario autorizado, a merced de quien lo autoriza. El efectivo elimina esta dinámica de poder. Cuando lo tienes, decides. Cuando lo transfieres, la transacción se completa. Ningún comité puede vetar, ningún servidor puede rechazar, ninguna burocracia puede retrasarlo. Esa es la línea que define el dinero y el control.»

Estos son los textos del Dr. Craig S. Wright
S. Tominaga, alias CSW
Hubo un tiempo en que el efectivo significaba control. Lo tenías, era tuyo, y a menos que hubieras infringido una ley de forma demostrable y procesable, ningún burócrata podía arrebatártelo de la mano. Un billete arrugado en el bolsillo era una fortaleza: ningún juez, ningún ministro, ningún banquero podía meter la mano en la cartera y apagarlo. El efectivo era el ecualizador definitivo: no le importaba si eras un pobre o un príncipe, solo obedecía a la posesión.
Pero entonces llegó el golpe de Estado, disfrazado con el refinado lenguaje del progreso. Cuentas bancarias, tarjetas y ahora «dinero» digital, donde la propiedad es una ficción sujeta a tu obediencia. Decían que se trataba de detener a los criminales, de luchar contra los malos, de hacer del mundo un lugar seguro. Pero la jaula nunca se construyó solo para villanos; se construyó para albergarte. El villano es la excusa, el ciudadano el objetivo.
Ahora tu cuenta puede ser congelada no por robar un banco, sino por tener una idea equivocada o apoyar la causa equivocada. Te pueden «desbancarizar» no por fraude, sino por herejía. Los mismos gobiernos que una vez fingieron proteger tu libertad han dominado el arte de revocarla con solo pulsar una tecla. Ya no es la ley la que gobierna, es el permiso, y el permiso puede revocarse.
Y de ahí la ironía: la era digital, aclamada como liberación, ha encadenado al dinero más fuertemente de lo que cualquier tirano podría haber soñado. Tus fondos residen en libros de contabilidad que no controlas, supervisados por instituciones que te tratan no como un cliente, sino como un sospechoso en libertad condicional. El efectivo era un inconveniente para el poder porque era la libertad encarnada. La guerra contra el efectivo nunca se trató de delincuencia; se trataba de eliminar lo último que podías tener y que no respondía ante nadie.
¿Querías seguridad? ¡Felicidades! ¿Querías vigilancia? ¿Querías comodidad? ¿Querías dependencia? ¿Querías progreso? ¿Querías un lazo de terciopelo? Y aplaudiste cuando te lo pusieron alrededor del cuello.
S. Tominaga, alias CSW
24 de agosto de 2025
https://x.com/CsTominaga/status/1959559195394765112?t=s65mibvU9FVuLXa4_zne3w&s=19

el efectivo está roto
Efectivo Inamovible
El efectivo está roto.
No como dicen los banqueros, ni como pregonan los gobiernos sobre la «modernización» y la «transformación digital».
El efectivo está roto porque se lo han robado a quienes lo usan, lo han despojado de su esencia y lo han enjaulado dentro de sistemas de permisos.
El efectivo real siempre fue simple. Era definitivo en el momento del intercambio. Era tuyo cuando lo tenías. No requería explicaciones, ni documento de identidad, ni burocracia. La brillantez de esa simplicidad fue lo que impulsó a la sociedad: comercio sin mediación, confianza sustituida por posesión, inmediatez sin teatro. Eso es lo que necesita ser arreglado, restaurado y renacido.
El efectivo solo puede existir si es inamovible. Las reglas no pueden cambiar. Llamar a algo efectivo y dejar sus cimientos abiertos a modificaciones por parte de comités o promotores es fraude. Imagina monedas que se derritieron en tu mano porque un comité decidió que el metal debía ser más ligero esta semana, o billetes cuyas denominaciones cambiaron porque alguien votó al respecto de la noche a la mañana. Nadie aceptaría instrumentos como el dinero. Sin embargo, esa es precisamente la condición de la mayoría del llamado dinero digital actual: mutable, maleable, sujeto a caprichos políticos y camarillas técnicas. El efectivo que se somete a los votos no es efectivo. Es crédito disfrazado, controlado por sus emisores.
El verdadero dinero digital requiere la misma inmutabilidad que la piedra. El protocolo debe ser estable, no una placa de arcilla que pueda reescribirse a voluntad, sino granito: duro, implacable, permanente. Sus reglas son fijas para que los actores económicos —las empresas, los comerciantes, los individuos— puedan construir sobre ellas sin temor a que mañana el suelo se mueva bajo sus pies. Esa permanencia no es una desventaja. Es la base de la confianza. Sin ella, solo queda un teatro de improvisación. Con ella, se tiene dinero.
Y el control debe ser directo. Para ser efectivo, debes poseerlo tú mismo. Ningún comité, ningún banco, ningún sistema de validación debe interponerse entre tú y el derecho a gastar. Las cuentas son jaulas. Están construidas precisamente para que alguien más decida cuándo y cómo puedes actuar. En los sistemas basados en cuentas, nunca eres el propietario. Eres un usuario autorizado, a merced de quien lo autoriza. El efectivo elimina esta dinámica de poder. Cuando lo tienes, decides. Cuando lo transfieres, la transacción se completa. Ningún comité puede vetar, ningún servidor puede rechazar, ninguna burocracia puede retrasarlo. Esa es la línea que define el dinero y el control.
Observa lo que se hace pasar por progreso financiero: bancos que no te pagan nada por depósitos, pero te cobran por acceder a tu propio saldo. Gobiernos que se confabulan con estos bancos para monitorear cada centavo, robar cada transacción y recaudar impuestos de cada rastro digital. Te dicen que es «más seguro», que es «eficiente», que es «para tu protección». ¿Protección de qué? Protección de la libertad. Protección de la indignidad de valerte por ti mismo, con el dinero en la mano, pudiendo actuar sin su permiso. Ese es el verdadero crimen del sistema moderno.
El efectivo digital, tal como fue concebido, era la respuesta. Ni cuentas, ni saldos, ni libros contables mutables. Una cadena de firmas digitales, transmitida de mano en mano, protegida por prueba de trabajo, inamovible. Transacciones rastreables legalmente, pero sin restricciones en la práctica. Escalable a miles de millones de pagos, desde la micro transacción más pequeña hasta la mayor liquidación empresarial. Un sistema donde los mineros compiten por proporcionar capacidad, donde los usuarios son soberanos sobre sus claves y donde ninguna reunión de desarrolladores puede decidir reescribir las reglas básicas.
Esa es la cura. Esa es la solución. Eso es dinero en efectivo, fijo y real.
Lo que tenemos, en cambio, son versiones debilitadas: sistemas que racionan la capacidad, estrangulan la escalabilidad y convierten el dinero en un cupón especulativo. Reemplazaron el café y el comercio con símbolos de escasez que se acumulaban. Neutralizaron la visión predicando la «inmutabilidad» mientras abrían lagunas para la manipulación incesante. Transformaron un sistema de efectivo vivo en un mausoleo de ideología. Pero la verdad permanece: el efectivo no puede vivir a menos que fluya libremente, y no puede fluir a menos que el protocolo sea inamovible.
El efectivo no está hecho para ser gobernado. Está hecho para ser usado. No está hecho para ser debatido. Está hecho para ser gastado. No está hecho para ser rehén en cuentas. Está hecho para ser mantenido por la gente. Hasta que se restablezca esta verdad, hasta que el efectivo vuelva a estar grabado en piedra y fuera del alcance de los comités, seguiremos cautivos. El camino a seguir no son nuevos trucos, ni nuevos juguetes de consenso, ni esquemas de gobernanza disfrazados de innovación. El camino a seguir es antiguo y eterno: el dinero, definitivo, inmutable y en manos de quienes lo ganan.
Eso es efectivo.
Eso es lo que debe arreglarse. Esa es la revolución que espera completarse.
S. Tominaga, alias CSW
26 de agosto de 2025
https://x.com/CsTominaga/status/1960374049202389327?t=93mcqn_6sGIFx_Pxn2nnJA&s=09

Cash para ser usado
El efectivo nunca fue concebido para ser un altar, sino para ser usado.
El efectivo fue concebido para circular de mano en mano, silenciosamente, directamente, sin el teatro de la autorización.
Bitcoin fue diseñado como esa forma de efectivo con piel digital: no una cuenta, ni un balance general, ni una bóveda donde se acumulan números y se ven descomponerse en silencio, sino billetes, billetes infinitos, cada uno con su propio número de serie, cada uno destinado a gastarse una vez y no devolverse jamás.
Un billete nace, tiene una vida corta y útil, y luego pasa a la historia con una línea de procedencia clara. Eso es lo que debería ser el efectivo digital: lo suficientemente rastreable como para que cada participante en la cadena sepa de dónde viene y adónde va, pero no exhibido en público como una confesión abierta. Seudonimia, no anonimato, no exposición. Conoces la última mano que lo tocó, conoces la siguiente que lo hará, pero desconoces a toda la multitud de fantasmas que se extienden hacia la eternidad.
Y, sin embargo, ¿qué han hecho?
Lo han transformado en algo más, una parodia de cuenta bancaria, una dirección inflada, reutilizada y reciclada como un billete gastado que vuelve a circular hasta que se rompe. Han ignorado la elegancia de un millón de llaves pequeñas y desechables en favor de tratar una dirección como si fuera una caja de seguridad. Afirman que esto es progreso mientras estrangulan precisamente aquello que pretenden venerar. El billete serializado, el producto de un solo uso, no fue un accidente. Fue el diseño. Cada transacción debía dejar su propia huella, no acumularse en un solo bulto como lodo.
El sistema original tenía la simplicidad del dinero en efectivo: se entrega directamente.
De IP a IP.
Conexión a conexión.
De persona a persona.
Cada vez que se envía, nueva información, nueva creación, un nuevo billete falsificado y entregado. No se necesitaba un sacerdocio para aprobarlo. No se necesitaba una infraestructura extensa de observadores que llevaran la cuenta. Se necesitaba la transacción en sí, pequeña, precisa, efímera. A partir de una sola semilla, una sola clave maestra, se podía calcular cada billete, cada salida, cada dirección. Esa era la genialidad: una cascada infinita de unidades similares al efectivo nacidas de una raíz, sin reutilización, sin repetición, sin tener que prostituir la identidad en la red.
En cambio, lo convirtieron en contabilidad. Lo despojaron de su carácter y lo redujeron a libros de contabilidad y balances, como si el objetivo fuera recrear los mismos bancos que este sistema pretendía eclipsar. Hablan de seguridad, pero lo concentran todo en direcciones que proclaman sus activos al mundo. Hablan de inmutabilidad, pero destruyen la privacidad que la hace tolerable. Parlotean sobre la libertad mientras se encadenan a los peores hábitos del viejo orden.
El efectivo estaba destinado a ser pequeño, divisible, infinito en su emisión, un río de billetes en constante movimiento.
El efectivo digital no es diferente. Muchas direcciones, muchas salidas, nunca reutilizado, nunca inflado, siempre fresco, siempre vivo. Un sistema de procedencia sin vigilancia, un sistema de reconocimiento sin cadenas. Ese era el diseño. Esa es la verdad. Lo que vino después, el modelo de cuentas corrupto de BTC, no es más que una perversión, un libro de contabilidad bancario disfrazado de robada. No lo ven, o se niegan a verlo, porque nunca quisieron efectivo, sino control.
Pero Bitcoin es efectivo, y el efectivo no se doblega. Circula. Vive. Se mueve. Nunca fue tuyo para atesorarlo, ni suyo para enjaularlo.
Se aferran al mito de los «nodos completos» como si la salvación residiera en escanear sin cesar la cadena de bloques, rebuscando en cada bloque para encontrar los restos que te pertenecen.
Así no funciona el dinero. Nadie en su sano juicio se queda sentado esperando a que desconocidos le tiren monedas al regazo. El efectivo no llega por casualidad. Se mueve porque dos personas están de acuerdo, porque una mano se lo pasa a otra. Esta obsesión por rastrear todo el libro de contabilidad es teatro, no necesidad.
Las transacciones de polvo «dust» (el gran fantasma de sus sermones sobre privacidad) existen solo gracias a la reutilización de direcciones. Esa es la enfermedad. Se trata una dirección como una colecta pública y, de repente, cualquiera puede dejar caer sus restos en ella. Pero cuando las direcciones no se reutilizan, el polvo no tiene sentido. Es como garabatear en un trozo de papel al azar con la esperanza de que algún día se convierta en la nota de alguien. Un completo disparate.
Lo cierto es que las claves y las direcciones están diseñadas para recalcularse una y otra vez, y derivarse según sea necesario. No las acumulas, no las acumulas como recibos viejos. Intercambios, billeteras, pagos: todo se puede gestionar sin sobrecargar el almacenamiento. Recalcula, actualiza, elimina. Hazlo y verás lo que siempre ha sido obvio: Bitcoin es privado. Lo irónico es que muchos no lo quieren. Son adictos al teatro de las direcciones gigantes, al voyerismo de ver saldos en público, a la comodidad de los hábitos bancarios infiltrados en un sistema de efectivo.
Las direcciones grandes no son privadas, son como letreros de neón. Cualquiera puede verlas, cualquiera puede contarlas, cualquiera puede rastrearlas. Divídelas, mantenlas pequeñas, cincuenta dólares o menos, y la privacidad se vuelve natural. No porque las ocultes con trucos, sino porque las tratas como efectivo: circulando, fragmentándose, vivas. Si se permite que Bitcoin escale (siempre que no se vea estrangulado por la irrelevancia de la farsa de las siete transacciones de BTC), no hay que preocuparse por los nodos, ni por el escaneo, ni por el resto del teatro.
Porque la realidad es simple.
La Verificación Simplificada de Pagos (SPV) nunca se trató de vigilar toda la cadena como un contable ansioso. Se trataba de que Alice le enviara un mensaje a Bob. Directamente. De persona a persona. De IP a IP. No de Alice a una red de intermediarios que transmiten, retransmiten y cotillean hasta que Bob finalmente escanea y descubre que su pago está enterrado en el ruido. No. Alice y Bob hablan directamente, como siempre se supuso que el dinero en efectivo cambiara de manos. Piénsenlo. Ese es el sistema que enterraron.
Ese es el sistema que aún funciona.
S. Tominaga, alias CSW
26 de agosto de 2025
https://x.com/CsTominaga/status/1960171595928146018?t=Ovfv7VFX3foIqXWgjuv81A&s=19

dinero que sirve al hombre, no a los amos.
El efectivo fue una vez la cosa sin restricciones. Un billete en la mano, una moneda en la palma, la certeza absoluta de que lo que tenías era tuyo y podía extinguir cualquier deuda al instante. Con efectivo, podías entrar en una oficina, una tienda, una oficina de correos y pagar tus facturas sin humillarte ante un empleado tras una pantalla. Era dignidad: inmediata, definitiva, absoluta. Pero la dignidad es precisamente lo que se ha despojado. Ahora, cada pago se realiza mediante cables y contraseñas, a través de instituciones que te dicen que es para tu conveniencia mientras contabilizan tu dependencia. Ya no pagas tus facturas en efectivo; las pagas a través de un laberinto de permisos.
¿Y qué son estos bancos que ahora se interponen entre tú y tu propio dinero? No son guardianes. No son custodios. No son nobles bóvedas de servicio. Son un cártel, una compañía de teatro, una burocracia disfrazada de necesidad. Depositas tu salario y ellos actúan como si les hubieras regalado un tributo. No te pagan nada —ningún rendimiento real, ninguna competencia por tus ahorros—, pero se llevan tu capital como oxígeno gratis para sus casas de juego. La indignidad es total cuando te das cuenta de que debes mendigar para acceder a lo que ya es tuyo. Te prestan el dinero, especulan con él, se enriquecen, y cuando llamas a la puerta para retirar, te miran como si fueras un ladrón.
Hubo una época en que los bancos competían. Cortejaban tus depósitos con intereses, servicios y respeto. Luchaban entre sí para demostrar que podían ser los guardianes más fiables de tus ahorros. Esa época ya pasó. Hoy solo compiten en lo poco que pueden darte y lo mucho que pueden tomar. Y nosotros, como ganado domesticado, hacemos fila en el comedero de los portales en línea, haciendo clic, enviando, autenticándonos, como si la sumisión misma fuera el privilegio.
El efectivo, en esencia, no es un prisionero. No es un vínculo, un rehén, un peón. El efectivo quiere moverse. Quiere ser el acuerdo cuerpo a cuerpo que hace funcionar a la sociedad. Fijarlo en cuentas es matar su naturaleza. Pero eso es exactamente lo que exige el orden actual: encerrarlo, neutralizarlo, domesticarlo. Quieren el dinero no como un medio vivo de intercambio, sino como una entrada en sus libros de contabilidad, porque solo así pueden desviar, gravar y desfalcar. No se te da inversión; se te da juego. No se te da propiedad; se te da acceso revocable.
Esta es la enfermedad del sistema moderno: la colusión entre el gobierno y la banca. Los bancos ya no son rivales del Estado; son sus socios. De la mano, exprimen al individuo. Al gobierno le encanta este cautiverio, porque cada centavo que fluye a través de un banco puede ser monitoreado, gravado y extraído. A los bancos les encanta, porque el Estado protege su chanchullo. Juntos han abolido la simple libertad de pagar con lo que es tuyo y la han reemplazado por un sistema en el que alquilas tu propio dinero bajo sus condiciones.
Pero no tiene por qué ser así. El dinero digital, bien diseñado, restablecería el equilibrio. Permitiría a las personas poseer y gastar valor directamente, usar los bancos cuando sean útiles e ignorarlos cuando no lo sean. Obligaría a los bancos a retomar su función: competir por depósitos, ofrecer servicios reales, pagar por el privilegio de tener tu dinero en lugar de fingir que les pertenece por derecho. Por eso se le teme, se le difama, toda la maquinaria de propaganda se vuelve contra él. Porque rompe la cómoda unión entre el recaudador de impuestos y el rentista.
No se nos ofrece inversión, solo el casino. No se nos ofrece libertad, solo permisos. Pero el efectivo —dinero real, dinero digital con la misma finalidad que la moneda— no negocia, no pide. Simplemente se conforma. Simplemente es. Eso es lo que aterroriza la alianza entre banquero y burócrata. Y eso es lo que debe recuperarse: dinero que sirve al hombre, no a los amos.
Los impostores son muchos, y los más ruidosos pregonan su grandeza como si el ruido pudiera sustituir a la sustancia. Observen los sistemas basados en cuentas, que se hacen pasar por libertad. Se disfrazan de palabras como «descentralizados» y «sin confianza», pero en esencia replican la misma arquitectura de la banca: cuentas, permisos, saldos en libros de contabilidad administrados por comités. Ethereum es el grotesco ejemplo de esto. Encadena cada transacción a una cuenta, una estructura de permisos y un entorno de ejecución. No es dinero en efectivo. Es una burocracia de código. No puede brindar inmediatez porque todo debe ser revisado y reproducido por cada participante. No es un instrumento al portador, es una auditoría interminable.
Y luego está el favorito de los comerciantes, el sistema que se autoproclama heredero del dinero digital, mientras se amputa sus propias extremidades: BTC. He aquí una red que tomó un diseño pensado para escalar con el mundo y lo convirtió en un monumento al estancamiento. Fijaron el tamaño del bloque, como si fuera un cupón de racionamiento, celebraron la escasez artificial de capacidad como si la escasez de uso fuera una virtud. Acabaron con las microtransacciones, el corazón del efectivo, y convirtieron el sistema en poco más que una red de pagos para jugadores. Predican sobre el oro digital, pero el oro no compra café, no paga facturas, no fluye. El efectivo fluye. BTC no.
La liturgia de la «segunda capa» es otro fraude. Una promesa de salvación mañana, un artilugio improvisado hoy. No resuelve el problema fundamental: que la capa base ha sido mutilada para impedir la escalabilidad. En lugar de millones de transacciones por segundo —posibles, necesarias, naturales—, entregan un goteo. Y a eso lo llaman victoria. Un sistema de efectivo digital que no puede escalar no es efectivo en absoluto. Es una pieza de museo, una curiosidad para especuladores, una baratija ideológica.
¿Qué debe ser el efectivo digital? Debe ser lo que se escribió al principio: un sistema de efectivo electrónico entre pares, definitivo e inmediato. Requiere una escalabilidad ilimitada, para que cada transacción humana, desde un centavo hasta una nómina, pueda procesarse directamente. Necesita seudónimos: máscaras suficientes para preservar la dignidad, pero con pruebas que preserven la ley cuando sea necesario. Debe ser económico: mineros compitiendo por comisiones de transacción, bancos compitiendo por depósitos, todos obligados a servir al usuario en lugar de enjaularlo.
Lo que Bitcoin realmente era no es lo que BTC es. No era una reutilización limitada, no era una capacidad limitada, no era un altar al acaparamiento. Era el sistema que podía llevar el comercio mundial en cadena, directamente, con la simplicidad de una moneda que pasa de mano en mano. Ese diseño era inamovible: reglas fijas, capacidad para escalar con la tecnología, la libertad del efectivo preservada en formato digital.
La tragedia no es que existan estos impostores; la tragedia es que muchos los confunden con la realidad. Son distracciones, ecos basados en cuentas de los mismos sistemas de los que el efectivo pretendía liberarnos. Nos dejan de nuevo rogando por permiso, con capacidad limitada, acorralados en esquemas de juego. Contra ellos se yergue la idea del efectivo digital tal como se concibió: escalable, directo, definitivo. Eso no es nostalgia. Es necesidad. Hasta que esto se restablezca, solo estaremos cambiando una correa por otra, confundiendo el tintineo de las cadenas con el sonido de las monedas.
S. Tominaga alias CSW
26 de agosto de 2025
https://x.com/CsTominaga/status/1960369812586250630?t=7WdCQEN9tZtAj4hvvcRiOA&s=19
La Verdad del Efectivo Digital Inmutable
(12 min)
Estos textos de S. Tominaga (CSW) exploran la naturaleza fundamental del dinero en efectivo y su evolución hacia lo digital, argumentando que el efectivo original ofrecía un control y una privacidad inherentes que se han perdido en los sistemas bancarios y de «dinero digital» actuales. El autor sostiene que el verdadero efectivo, ya sea físico o digital, debe ser inamovible y poseído directamente por el individuo, sin depender de permisos o la intervención de terceros. Critica cómo el progreso digital ha transformado el dinero en un sistema de cuentas centralizadas, vulnerable a la censura y la vigilancia, en lugar de la transferencia directa y privada que Bitcoin fue diseñado para ser inicialmente. En esencia, los escritos abogan por un retorno a los principios de un efectivo inmutable y verdaderamente descentralizado, donde la propiedad y el control residen en el usuario, no en intermediarios.
Fuentes:
S. Tominaga alias CSW
26 de agosto de 2025
https://t.me/S_Tominaga/4572
https://t.me/S_Tominaga/4608
https://t.me/S_Tominaga/4613
Privacidad a escala: Pagos con muchas notas pequeñas en Bitcoin
(22:18 Min)
El texto presenta una propuesta detallada para mejorar la privacidad en las transacciones de Bitcoin, haciendo que los pagos grandes sean indistinguibles al dividirlos en numerosas transacciones pequeñas y ordinarias. La estrategia se basa en la escala, la independencia y la diversidad. La escala implica descomponer un pago total en cientos o miles de «notas» pequeñas, mientras que la independencia asegura que cada nota sea válida por sí misma, utilice direcciones de receptor y de cambio únicas, …
Fuente:
Privacy at Scale — Paying by Many Small Notes on Bitcoin
Why thousands of tiny, standard transactions beat one big payment for practical privacy
Craig Wright
Aug 27, 2025
https://singulargrit.substack.com/p/privacy-at-scale-paying-by-many-small
Protocolo de Monedero IP a IP para Pagos Bitcoin
(19:43 min)
El texto, atribuido al Dr. Craig S. Wright (también conocido como S. Tominaga), describe un protocolo de monedero IP a IP para pagos de Bitcoin, diseñado para transacciones privadas y liquidadas. Este sistema descompone cada pago en múltiples «notas», que son pequeñas transacciones estándar en la cadena. La privacidad se mantiene al separar la identidad fuera de la cadena de las direcciones en la cadena, utilizando claves de identidad de larga duración que nunca se exponen públicamente. Las partes calculan elementos compartidos de forma determinista para generar direcciones de destinatario y cambio, asegurando que ambos lados pueden validar las transacciones de forma independiente…
Fuente:
S. Tominaga AKA CSW
26 agosto 2025
https://x.com/CsTominaga/status/1960280633709916530?t=EPrX4zKESLrvUg3a4ssf7w&s=19
Efecto del Cargo Fijo en la Viabilidad de Micropagos
(25 min)
Este análisis compara el rendimiento de micropagos a través de varios sistemas de pago, incluyendo PayPal, Stripe, Visa, Mastercard y BSV (Bitcoin SV), basándose en una auditoría de 11,000 transacciones por cada sistema. El estudio concluye que las tarifas basadas en porcentajes de los procesadores tradicionales, como PayPal y Stripe, a menudo superan los límites económicamente viables para pagos pequeños, llegando a superar el 10% en muchas ocasiones…
Fuente:
Digital Cash That Doesn’t Bleed: A 11,000-Transaction Micropayment Audit Across PayPal, Stripe, Visa, Mastercard, and BSV
A penny beats a percent: when fees cross 5–20%, micropayments die; when they anchor at $0.01, they scale.
Craig Wright
Aug 25, 2025
https://open.substack.com/pub/singulargrit/p/digital-cash-that-doesnt-bleed-a
Identidad Nativa en Cadena: Capacidad, Sin Contraseña y Autorrecuperable
(25:23 min)
Este artículo de Substack de Craig Wright de 2025 propone un sistema de identidad digital nativa en cadena que reemplaza el modelo tradicional de cuenta y contraseña por un enfoque centrado en la capacidad y la soberanía individual. La identidad se define como la demostración criptográfica de una capacidad dentro de una transacción, eliminando la necesidad de directorios centralizados o intermediarios. Se enfatiza el uso de criptografía efímera de una sola vez para cada interacción, junto con un sistema de recuperación basado en umbrales…
Fuente:
Native On-Chain Identity: capability-first, passwordless, and self-recovering
Rethinking Identity: From Passwords to Protocol-Defined Control
Craig Wright
Aug 23, 2025
https://open.substack.com/pub/singulargrit/p/native-on-chain-identity-capability





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